Turismo irresponsable

El turismo es colonialismo moderno”

Bajamos del avión con nuestros pantalones cortos, nuestras gafas de sol y la gorra de aventurero recién comprada en el Dechatlon. Recogemos las maletas, salimos a la calle y cogemos un taxi al que damos una propina. Llegamos a nuestro hotel y nos quejamos porque es muy caro para lo que hay. No pasa nada, bajamos al restaurante y nos comemos un buen bistec de buey del que nos dejamos la mitad en el plato porque no tenemos mucha hambre. Luego salimos a la calle y como nos han dicho que en este país hay que regatear, lo hacemos con todas nuestras fuerzas.

En todo este proceso, quizás no nos hemos parado a pensar. A pensar en que la propina que hemos dado al taxista, aunque poco para nosotros es más de lo que gana en un día. En que en este país no está bien visto ir con pantalones cortos o que el bistec de buey del que nos hemos dejado la mitad supone un importante sacrificio para la gente del país en el que estamos. Tampoco nos hemos parado a pensar, que aunque no nos ha importado pagar 40$ por la habitación y darle una propina de 3$ al taxista, le estamos regateando 23 céntimos a la mujer y al hombre porque nos han dicho que en este país hay que regatear.

Traemos nuestras ideas y nuestra cultura con nosotros, sin preocuparnos de la cultura del país al que vamos. Sin preocuparnos por entender sus ideas o sus costumbres. Mostramos lo mejor que tenemos, mostramos que no nos importa derrochar el dinero, que no nos importa dejarnos comida en el plato. Claro, al fin y al cabo por 15 días que estamos de vacaciones no vale la pena privarnos de nada. Pero sinceramente, ese no es nuestro nivel de vida, vivimos en una sociedad que tiene problemas endémicos y aún así al viajar, no puedes evitar ver la superioridad del que viaja frente a la cultura que le da la bienvenida.

No nos importa darle limosna a un niño, sin pensar en las consecuencias que eso pueda tener. Sabemos que debemos quitarnos los zapatos para entrar a un templo budista, pero si no nos ve nadie… Así en tantos otros detalles mostramos el despreció hacia la cultura que nos acoge. Y es desprecio en tanto en que no estamos respetando sus costumbres y tradiciones, en tanto que muchas veces no nos preocupamos siquiera de conocerlas.

Es posible que después de viajar tan sólo por 5 meses no tenga el derecho de escribir estas palabras, pero en cinco meses he podido ver de todo. He podido ver como gente europea se cree con mayor derecho que nadie a menospreciar las reglas y costumbres de la gente local. Como se cuestionan tradiciones porque no cuadran con la manera de pensar occidental. Las quejas de lo estúpida o lo mal que trata la gente a los turistas son constantes. Las quejas de lo sucio que está todo y de lo ruidoso que es también aparecen en casi todas las conversaciones con turistas. Yo soy uno de esos turistas y aún así veo normal que se trate mal a los turistas. No es algo natural, no es algo que salga de la gente, pero como trataríamos nosotros a una persona que antes de cruzar una palabra ya está exigiendo?

Cuando no estamos dispuestos a intentar ver una cultura a través de los ojos de los que la componen, cuando no estamos dispuestos a aprender una palabra en el idioma del país al que vamos, pero en cambio nos enfadamos y les gritamos cuando ellos no hablan inglés, que es lo que pretendemos? Viajar cura muchas cosas, pero uno debe estar dispuesto a abrir su mente. Los turistas, sobre todo los occidentales, debemos quitarnos esa mascara de superioridad que seguro no nos ponemos con gusto. Pero allí donde hay una cultura distinta hay que hacer un esfuerzo por comprenderla.

Cuantas veces he oído en poco tiempo a gente que viaja para abrir su mente, para conocer cosas nuevas para luego intentar cambiar la cultura a la que va porque hay cosas que no comulgan con su punto de vista de la sociedad. Por supuesto, todas las culturas tienen sus cosas positivas y negativas, no podría ser de otra manera. No se trata de aceptarlo todo sin plantearse nada, sin juzgar nada, se trata de mostrar respecto.

Si antes el mundo se conquistaba por las armas, hoy la información y el turismo son las nuevas armas del colonialismo.

Una experiencia para cerrar estás palabras:

En Myanmar es habitual que haya aldeas que disponen de placas solares para cargar el móvil, ver la televisión y en general disponer de luz. Cuenta un empresario francés que colocaron un generador en una aldea para poder suministrar electricidad fuera de las horas de luz. Para el empresarió francés era una buena obra, una manera de darles una vida mejor. Para los de la aldea era un ruido insoportable, tanto que ellos mismos apagaban el generador por las noches. No se si la historia tiene moraleja, pero es graciosa y muestra que los valores no son los mismos para todos.

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