Camboya

“…”

No hay frases porque no hay palabras. Es sorprendente lo poco que sabía de este país cuando llegué. Conocía el nombre de Pol Pot, conocía que había sufrido una dictadura, pero poco más. Ni siquiera había mirado guías así que tampoco sabía que ver. Después de unos días me duele la ignorancia. Una ignorancia profunda y selectiva que me asalta en cada unos de los países de Asia que hemos visitado hasta ahora y que en Camboya se ha convertido en un sentimiento doloroso.

Es increíble lo poco que sabemos de los países del resto del mundo. Es todavía peor lo poco que queremos saber de los países que no forman parte del “primer mundo”. Antes de venir a Camboya todo lo que oyes es que es un país bonito, con un ritmo tranquilo aunque todos los viajeros te advierten enfadados de que estafan a los turistas. ¿Ya está? ¿Nada de los esfuerzo por contener las lágrimas? ¿Nada de la cultura de un país que hace apenas 30 años vió a 1/3 de su población siendo exterminada?

Pero, ¿por que hablar sólo de la dictadura? Cuantos de nosotros sabemos los motivos que llevaron a la Kampuchea Democrática a está situación. ¿Acaso no conocemos los motivos que desembocaron en la segunda guerra mundial?. ¿Acaso no han vendido la historia de Camboya como un fracaso flagrante del comunismo, tal como lo fue en Rusia? Después de lo que he visto me niego a aceptar que se relacione lo sucedido aquí con el comunismo. Por supuesto que se hizo todo en nombre del comunismo, pero también la dictadura de Pinochet fue en nombre del capitalismo y la de Hitler en nombre del Socialismo. Lo que pasó en Camboya está más relacionado con la ignorancia y el extremismo, con la desesperación que con cualquier ideal socio-económico.

Yo no tenía ni idea de que Camboya había sido un protectorado francés que protegió muy poco o nada a las minorías de las zonas rurales. Poco sabía que el gobierno de Lon Nol, en Camboya, pactó con Estados Unidos para perseguir a los comunistas del país. Durante 4 años de lo que EEUU llamó la guerra secreta, se bombardeó sin pausa el país lanzando 3 millones de toneladas de bombas. Más que en toda la segunda guerra mundial. El país fue alfombrado de bombas igual que pasó en la vecina Laos.

¿No es normal que las gentes de Camboya simpatizasen con el movimiento de los Jemeres Rojos que debería liberarlos del gobierno de Lon Nol y del yugo Capitalista? Después de 4 años de bombardeos cualquiera hubiese querido un cambio. Cualquiera habría querido acabar con el gobierno que permitía el bombardeo sistemático de su propia población.

Es por eso que al tomar los Jemeres Rojos la capital de Phnom Phen muchos les dieron la bienvenida. ¿Y por que no? Poco se esperaban lo que pasaría. Cada vez que oígo hablar de las atrocidades del Angkar (‘la organización’, la cúpula del gobierno) tengo que hacer un esfuerzo por contener las lágrimas. Es sorprendente que el pueblo Camboyano sea capaz de sonreír aún hoy, más de 30 años después.

Las deportaciones al campo, los trabajos extenuantes, las torturas y las ejecuciones forman parte casi de cualquier gobierno totalitario. Sin embargo, las ejecuciones de recién nacidos, las ejecuciones y torturas a los propios ministros del nuevo régimen, la creación de abono humano, la muerte por desangrado o la muerte por inanición cruzan fronteras que conmueven a cualquiera que escuche algunas de las historias. Gente que trabajaba 12 horas al día con 250gr de arroz a repartir entre 27 personas como única comida al día. Cocinar era una traición al Angkar, comer caracoles era una traición al Angkar, no casarte con quien el gobierno indicaba era una traición al Angkar, no tener sexo cuando el Angkar lo ordenaba también era traición. Cantar, llorar o mostrar los sentimientos era considerado traición. Los niños ya no tenían padres, su único padre era el Angkar. Levantar la mano a tu hijo biológico era un delito contra el Angkar. En las salas de tortura gritar estaba prohibido, suicidarse estaba prohibido, morir estaba prohibido. Suena absurdo ponerlo por escrito, no lo es en absoluto cuando ves las instalaciones.

Todos los intelectuales fueron ejecutados. Para el gobierno de Pol Pot la educación erá un símbolo imperialista. Se abandonaron todos los medicamentos, se mató a los médicos y se remplazaron por campesinos con 4 semanas de formación. Se ejecutó a los maestros puesto que toda la educación debía provenir de la práctica, se mató a todo el que llevase gafas y a todo aquel que no tenía las manos ásperas. Afirmarlo así quizás no sea del todo cierto porque no se ejecutó si no que se les dejó morir de hambre. No tenían dinero para municiones.

No es solo la dictadura, es la herencia que dejó: un país con una mayoría analfabeta para salir adelante, cosa de la que todavía parecen resentirse. Un país que actualmente está lleno de desigualdades y de abusos procedentes de esta ignorancia, donde el dinero destinado a salir del bache no se sabe del cierto a donde va a parar. Muchos de los orfanatos son poco más que negocios encarados a turistas y a la venta de niños. Muchos de los centros de ayuda existen porque en realidad son lucrativos. Camboya tiene las esperanzas puesta en sus jóvenes aunque el ejemplo de los adultos no sea el mejor posible.

No es sólo Camboya, los países asiáticos han sufrido y han salido adelante en situaciones muy adversas, la mayoría de ellas provocadas por los colonialismos o las presiones de los países “del primer mundo”. Muchos de estos países son pobres porque nosotros hemos querido que lo fueran. Aún así no hay odio. La gente de Asia está hecha de otra pasta, quizás sea la religión, pero pese a las muchas adversidades son capaces de mirar a la vida con una sonrisa.

Acercarte al campo de tortura del S-21 en Phnom Penh, donde entraron más de 20.000 personas y sólo salieron con vida 12, y ver a uno de los supervivientes vendiendo su libro en el patio sonriendo ocasionalmente a algún visitante, delante del edificio donde estuvo encarcelado en una celda de 90 cm x180cm es una muestra de valor que hace que a uno se le salten las lágrimas.

No es una reflexión en la línea de los otros artículos del blog, pero tampoco debía serlo. Tan solo se trata de quitarme de encima esta horrible sensación de ignorancia que me acompaña en cada uno de los países de Asia y que es especialmente intensa en Camboya. Se trata de que todos reflexionemos sobre ello. Hay cosas que la humanidad no debe olvidar porque no deben repetirse nunca.

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