Persiguiendo la felicidad

“Quizás porque ya no veo la felicidad como algo inalcanzable, ahora sé que la felicidad puede ocurrir en cualquier momento y que no se debe perseguir – Jorge Luis Borges”

Mucha gente se pasa la vida buscando la felicidad. Como un objetivo, como algo que está por venir. En el ajetreado mundo en el que vivimos pocas veces nos paramos en nuestro día a día para preguntarnos “Hoy, ahora, en este instante, ¿soy feliz?”

Nos pasamos la vida tratando de alcanzar la felicidad y eso en si mismo lo convierte en un persecución fútil. La felicidad es un estado efímero, tanto que no puede pensarse en futuro. El pensar en un estado de felicidad futuro nos crea angustias y problemas en el presente. Pensar en una felicidad futura es abandonar la consecución de una felicidad presente. Bien sea porque el buscarla en el futuro se deba a que no la tenemos en el presente o bien porque no nos dedicamos el tiempo a preguntarnos como nos sentimos ahora.

Normalmente la consecución de un objetivo nos produce felicidad, pero está no suele ser el objetivo en si mismo, si no un curioso y agradable efecto colateral. Supongamos que nos ponemos por meta ser infelices. Pongamos que lo consiguiésemos. ¿Si nuestro objetivo en la vida fuese ser infelices que sucedería si lo consiguiésemos? ¿Viviríamos ese momento de epifanía feliz por haber conseguido uno de los grandes objetivos de nuestra vida? ¿No quedaría nuestro objetivo rasgado en ese mismo momento?

Si por el contrario nuestro único objetivo en la vida es la felicidad, ¿no quedaríamos vacíos, sin nada más que esperar de la vida, en cuanto encontrásemos, aunque fuese solo por unos segundos, la felicidad?

La felicidad es algo efímero, presente y en el ínterin lo sabemos todos. De ahí las expresiones carpe diem, el zen u otras disciplinas similiares. No creo que debamos ni podamos perseguir la felicidad, pero si que de vez en cuando es necesario parar el mundo, nuestro mundo, y preguntarnos si somos felices.

Me gustaría cerrar el post con otra cita que considero una conclusión más que adecuada para esta reflexión:

“No vivimos nunca si no que esperamos vivir; y disponiendonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca- Blaise Pascal”

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