El espejo de los libros

Hoy no empezaré con una cita porque soy incapaz de encontrar una adecuada. Hace unos días fue el día del libro y en Cataluña es una ocasión magnifica para salir a la calle y pasear entre tenderetes llenos de libros. Es posible encontrar las últimas novedades y los libros más vendidos del año.

Creo que los libros son un reflejo perfecto de la sociedad que los escribe. Si así fuese, pasear entre los tenderetes del día del libro sería algo así como mirar a los ojos a la sociedad en la que vivimos.

Este año los tenderetes estaban repletos de libros de auto-ayuda, de libros “sólo” para mujeres y de otros libros. Lo de los libros sólo para mujeres evidencia, al menos, la voluntad de cambiar la sociedad hacia un estatus más justo entre hombres y mujeres. Aunque el que los libros sobre mujeres sean vendidos como sólo para mujeres me hace dudar de que se esté enfocando correctamente el asunto. No creo que se deba mostrar a las mujeres un mundo utópico sólo para ellas y por el que solo ellas deban luchar. Los libros sobre mujeres deben ser también para hombres. Para educar en que también ha habido mujeres importantes en la historia, para mostrar que un mundo con una mayor igualdad es posible. Tanto hombres y mujeres deberían remar en la misma dirección. Limitando la lectura de ciertos libros al público femenino, no creo que se fomente este trabajo conjunto.

Aun a riesgo de parecer que cambie de tercio, quiero decir que desde que he vuelto de viaje he tenido una extraña sensación de desazón, decepción y hasta enfado al participar en algunas conversaciones. ¿Será porque el viaje ha cambiado algo dentro de mi? Independientemente del motivo, no deja de sorprenderme verme en conversaciones en las que se habla de la sociedad del bienestar en la que vivimos. Por supuesto tenemos mucha suerte de tener lo que tenemos. Nunca se concreta que es lo que tenemos, sin embargo debe ser de dominio público. Estas afirmaciones son más propensas a salir cuando se menciona un país africano o asiático. No quiero entrar en la discusión sobre las sociedades de estos países, ni en la comparación con el nuestro o con otras sociedades como la estadounidense.

Lo que si que encuentro extraño, es esa idea sostenida por todos, como si de un dogma se tratase, de que vivimos en la sociedad del bienestar. No porque no se viva bien, si no porque las quejas en todo tipo de conversaciones están también a la orden del día. Porque la pobreza sigue siendo bien visible en calles como las de Barcelona. Porque la corrupción en este país no parece ser distinta a la de otros países “tercermundistas” donde todos en el gobierno son corruptos. Porque no nos hemos dado cuenta, pero a día de hoy sale casi tan barato fabricar en España como en China. Porque manifestarse frente al parlamento conlleva multas. Porque criticar a la figura del rey libremente conlleva penas incluso de cárcel. Por muchos otros motivos que soy incapaz, incluso de ver, tengo esa sensación de ilusión del estado de bienestar que todos nos esforzamos por mantener. Si hace falta repitiéndolo muchas veces.

Volviendo al tema de los libros, la gran cantidad de libros de auto-ayuda evidencian un problema en nuestra sociedad. A juzgar por los títulos, hemos perdido la capacidad de reír, de ser felices, de saber lo que queremos, de llevar una vida tranquila o incluso de encontrar tiempo para divertirnos. Muchos libros de auto-ayuda se enfocan en estas temáticas, y eso no es malo, pero creo que evidencia grandes carencias en esta sociedad que autodenominamos la del bienestar.

Me gustaría cerrar este artículo con la reflexión sobre otro tipo de libros, los de ciencia ficción, que creo que aportan una visión igualmente importante de nuestro estado del bienestar. Hace unos años, los libros de ciencia ficción, con algunas excepciones, presentaban mundos en los que los avances tecnológicos permitían una vida mucho mejor. Un sinfín de posibilidades se abrían ante nosotros. Desde las extrañas impresores 3D definidas por Neal Stephenson en la era del Diamante, hasta los curiosos inventos de la guía del autoestopista galáctico como el babel fish. Star Trek, más conocida, nos prometía viajes espaciales y asombrosa tecnología (como puertas que se abrían solas).

Con mucha de la tecnología que se presenta en los libros de ciencia ficción de hace unos años al alcance de nuestras manos, la ciencia ficción parece haberse movido. Las distopías están a la orden del día. Futuros apocalípticos en los que una empresa ha arrasado el mundo, en el que las guerras por el agua o las enfermedades han dejado un planeta prácticamente inhabitable. Me gustan las distopías, pero este tipo de novelas, este giro para encumbrarlas, refleja, en mi opinión, una fe más bien escasa en un futuro mejor. Y esto forma parte también de la sociedad del bienestar.

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