Conectados y aislados

“Quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no vivir – Desconocido”

Parece raro parece empezar una reflexión con el título de “Las comunicaciones en redes sociales” con una cita sobre lo conocido y lo desconocido. Pero hay una relación. Internet nos ha traído una época en que las comunicaciones están al alcance de la mano. Es habitual hablar con la gente a través del correo, de las redes sociales o de las aplicaciones de nuestros teléfonos móviles.

De hecho dicen que las redes sociales y las aplicaciones de comunicación móvil nos han facilitado la comunicación enormemente, que han ampliado nuestros horizontes sociales, que nos han llevado a un mundo súper conectado. Estaría ciego si lo negase. La gente usa estas aplicaciones en casa, por la calle, en el trabajo, en los bares. No es raro ver a gente hablando a través de sus dispositivos incluso estando otra gente presente.

Dicen que las nuevas tecnologías han abierto nuevos horizontes, que nos hemos convertido en seres más sociales, más abiertos. En eso discrepo. Las nuevas tecnologías, las redes sociales y las aplicaciones nos han aislado del mundo, de la sociedad. No en el sentido más extremo por supuesto, pero si en cierta manera.

Las redes sociales se adaptan a lo que vemos para ofrecernos información relacionada. Los buscadores adaptan sus respuestas según las que hemos cogido en el pasado. Nuestro historial de conversaciones en cualquier aplicación va dejando cada vez más abajo aquella persona a la que apenas escribimos. Nos está permitido bloquear a gente, incluso borrarla de nuestras vidas en la red. Por supuesto también podemos hacer esto en nuestra vida real, nada nos lo impide. Aún y así esta inteligencia artificial, este mundo creado a partir de nuestras preferencias, crea una burbuja que nos situá en nuestra zona de confort. Vemos cosas que sabemos que nos gustarán, oímos cosas que sabemos que nos gustarán y hablamos con gente con la que ya tenemos confianza. Si una situación nos sobrepasa, podemos sumergirnos en nuestro pequeño mundo de confort. Ese que llevamos en el bolsillo. Si una relación concreta nos asusta podemos lidiar con ella a través de una pantalla. No es malo, pero hay detalles que hablan sin palabras: los silencios, los gestos, las miradas, la postura.

Vivimos en un mundo cada vez más conectado, cada vez más social y que cada vez nos muestra más sólo aquello que queremos, que nos aísla cada vez más en una burbuja donde todas las cosas resultan más o menos confortables. Si nunca salimos por miedo a lo que haya fuera, es como mantenernos con vida pero no vivir.

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